Dolores Sarmiento "Tuve suerte de entrar al medio por la puerta grande"

Hizo sólo un cásting, para "Amor mío", que le abrió el camino de las propuestas. Se luce en "Botineras".



Diego Jemio
Especial para Clarín

Aunque tiene 23 años, un trabajo en televisión y un novio formal, Dolores Sarmiento todavía sigue siendo Bebu para sus padres y hermanos. "Para ellos, seré la nena hasta los 50 años", dice la nena, en los estudios de Telefe en Martínez, donde grabó los últimos capítulos de Botineras (a las 22.30).

Loli ­para los amigos- viene de una familia a la que ella define como "tradicional de San Isidro". Padre ingeniero y madre relacionista pública, se crió en una casa de dos plantas en la que aún vive, con cinco hermanos y formación en un colegio católico. De chica, como suele pasar en muchas de estas historias, Dolores era la más extrovertida de su curso en el colegio Santa Inés; se anotó en el coro, en la conducción de los actos escolares y en todas las extraprogramáticas con orientación artística.

Cuando terminó la secundaria, a nadie le sorprendió que la más pequeña de la familia quisiera iniciar una carrera artística. Comenzó a desandar un camino que ella creía largo, pero que no lo fue tanto. "A los 18, comencé a estudiar comedia musical, pero a los dos meses tuve que dejar porque conseguí trabajo. A través de un conocido, me enteré de un cásting para un capítulo de Amor mío, que hacía Cris Morena. La persona que me llamó me dijo que me presentara, pero sin ilusiones de quedar porque era mi primera audición.

Al otro día me dijo que había sido elegida. No lo podía creer.

Fue sólo un capítulo, pero tenía que interpretar a dos hermanas, una de quince y otra de unos veinte años".

Después de ese capítulo, las puertas comenzaron a abrirse y el teléfono, a sonar. Dolores había ingresado con el pie derecho en la factoría Cris Morena, que luego la convocó para Floricienta y Chiquititas. "Después vinieron Romeo y Julieta, la versión italiana de Sin tetas no hay paraíso y Champs 12, entre otros papeles. Lo que me pasó fue insólito. Lo más normal del mundo es pelearla mucho en este medio, que es muy difícil y tiene gente talentosa. Yo hice sólo un cásting y desde ahí comenzaron a llamarme.

Tuve suerte de entrar al medio por la puerta grande y, quizás, de estar en el lugar y en el momento indicado".

Hace tres meses fue convocada por Telefe para sumarse a Botineras. Malena, su personaje, es la hija del inspector de policía Salgado (Pablo Rago), al que ya asesinaron. Ella llegó para interferir en la relación entre su papá y Laura (Romina Gaetani). En los libretos, un papel pequeño, de sólo un par de capítulos. En las primeras escenas, fue una hija única caprichosa; luego, le puso el cuerpo a la muerte de su padre en la ficción. "La idea era sumarme por un par de capítulos. Al poco tiempo, la historia fue tomando otro color, un giro dramático que no esperaba. Estoy feliz porque la participación es mucho más importante que lo esperado. Botineras es un éxito y estoy rodeada de actores grosos. Para mí es un honor que me hayan llamado", dice Dolores, que en la tira está de novia con un policía de la brigada (Lucas Ferraro) y en la vida real, con un cordobés estudiante de administración de empresas. "El está en Córdoba. Es amor a la distancia y hace tres meses", aclara.

Aunque comenzó a construir su carrera desde la televisión, la chica de apellido de prócer quiere probar con el teatro, el cine y la comedia musical. Además, firmó contrato con una empresa de ropa interior para adolescentes. "Voy probando cosas que me gustan y en los espacios en los que me siento cómoda. Hace tres años que hago hip hop y también estudié canto. Estaría bueno hacer una comedia musical y llegar a ese punto en el que pueda elegir el trabajo que más me guste y más placer me dé".

Dolores quiere seguir siendo Bebu, pese al trabajo en la tele, al noviazgo a la distancia y a las campañas de ropa interior. Aún vive con sus padres y, dice, no tiene pensado mudarse de San Isidro: "Mi familia es tradicional y mi viejo un poco conservador. Todos en casa estudian una carrera y todos trabajan. Yo fui a un colegio católico. Por ahora, no siento la necesidad de irme. Estoy acostumbrada al ruido, a que siempre haya gente. Me da miedo vivir sola. Después de trabajar, me gusta llegar, que esté la comida lista y que me lleven el desayuno a la cama si estoy con fiaca. Ahora que lo pienso, soy un poco malcriada, ¿no?".

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